CANCIONES DE ARÁIS: EL VALLE DE LOS PASTORES DE PIEDRAS

Maestro; ¿por qué siento la historia detenida aún cuando sé incesante el transcurrir del tiempo? Veo los días fugaces persiguiendo a las n...



Maestro; ¿por qué siento la historia detenida aún cuando sé incesante el transcurrir del tiempo?
Veo los días fugaces persiguiendo a las noches y pienso, pese a todo, que entre tanta vorágine apenas nos movemos.
¿Es locura mi anhelo por encontrar el Centro?
¿Es vana mi esperanza en responder mi empeño?
¿Por qué tantas preguntas rebosan en mi pecho…?

Escucha bien hijito; da descanso a tu alma y reposen tus dudas, abre tu corazón y tu memoria empapa del sonido del viento… ¿las oyes…? Son antiguas leyendas que los ancianos cantan, fábulas de la noche, voces de arena y fuego, susurros misteriosos del inmenso desierto…

Y así rezan los ecos…:
Hay en Aráis un valle, donde una luz suavísima se posa en los paisajes. Las minerales cumbres henchidas de belleza, obsequian incansables mil cristalinos ríos; cuentan que si tú en ellos la tristeza sumerges, limpia tu alma queda de temor y de olvido y la perdida infancia retorna a tu camino…

Es allí, bien te digo, donde los buscadores de honesta y clara alma encuentran su destino, y una vez alcanzada la meta deseada, y así su sed saciada, rebosantes de dicha, por siempre transformados de paz y amor alados, ingrávidos y libres se esparcen en el viento, y al cabo y en silencio hacen morada en pechos de nuevos buscadores que, cual bendición eterna, anhelarán de nuevo encontrar sin remedio respuesta a sus lamentos…

Y sucedió que habiendo, nacido en esa tierra, un tullido poeta de defectuosa pierna, enfermo de preguntas pero de arrestos lleno; todas las primaveras iniciaba contento, el sendero exigente que al avanzar el tiempo, de cierto le llevase al umbral argentino del legendario valle y así, entrado en años, en premio a sus trabajos, un báculo de vida le fuese concedido y a pastor de las piedras él fuese promovido y así reiniciar sus días henchido de belleza, en éxtasis perenne borracho de certezas…

Pero, ¡hay sufrimiento!; por más que caminaba y voluntad ponía, así que en acabada la noche de su día, al punto del inicio sin excepción volvía, traído inexorable por su fatal cojera, ya que su corta pierna así se lo exigía y lo que el creía ser recta caminata, al cabo de las horas, en curva se tornaba… ingrato pago cierto de su ignorancia nata: el pensar que lo curvo era sin duda recto…

Y así venían años y se iban primaveras y el otoño postrero rondaba ya sus días y una fausta mañana reuniendo ya en su frente todas sus fuerzas juntas, hizo promesa cierta, inclinado en la tierra, que si en acabar el día respuesta no encontraba, entregaba su alma y al punto allí moría…

Y Dios alto y clemente, viendo su valentía de poner justo precio al bien que pretendía, -que no menos que vida eso es lo que valía-, trocó luego ignorancia en tal sabiduría que las perpetuas brumas sin ruido y sin esfuerzo quedaron disipadas cual si cayesen velos…
Resuelto levantase nuestro valiente amigo y en cierta encrucijada, donde madera había, de un poste del camino un trozo cogería y firmemente atándolo a su alcorzada pierna, se lanzó con coraje presto a iniciar el viaje…

-¿Alcanzó su destino?
-De cierto nadie sabe…pero los viejos cantan que las huellas halladas se pierden en el tiempo y el sonido del viento en las noches de invierno incesante susurra que un valiente poeta alcanzó con denuedo la cuna luminosa del universo entero…

-Bella canción es ésta, pero estoy intrigado. Bien sé, buen maestro, que sin hilo no das puntada y que tus palabras, sin duda encierran mensajes para quién sepa escuchar…

-Y dices bien, buen pupilo, pues nada baladí se mantiene en el tiempo… antes más, todo lo nimio, cribado por los años, se pierde en la mediocre nada que lo sustenta y, al final y para siempre, queda sólo lo trascendente lo que fue primero y será por siempre: la senda de la sabiduría, el camino de estrellas jalonado y, ten por seguro, que todo lo que el tiempo sostiene es porque el tiempo lo quiere.
Y así sucede que la leyenda del pastor de piedras viene a mostrarnos a los necios seres abandonado engañados el camino recto, y apoyándose únicamente en su faceta material olvidan con desprecio y soberbia su aspecto espiritual, lo cual produce, indudablemente una deriva derrotada desde el inicio y una “curva” evolutiva nefasta, concluyente en un vacío egoísta sin salida, una quietud pétrea irresoluble, una involución mental de donde la vida ha huido para siempre.

Así pues, te digo, querido hijito: Recibe gozoso el hilo de Ariadna que te sacará de este laberinto existencial.

Sábete siempre hecho de materia y espíritu y firmemente apoyado sobre tus dos realidades camina recto hacia tu destino que no es otro que llegar a ser aquello que ya eres y no ves…
Puedes escapar de la cárcel que te aprisiona y alcanzar la dicha. Cierra los ajos y abre el corazón. Observa maravillado los paisajes del alma y cree.
Recuerda la magia de tu existencia infinita, el horizonte te espera. El camino es claro y estable, luminoso y profundo.
Habrá verdadero avance evolutivo, los hechos cotidianos no parecerán repetidos sino que se te mostrarán como nuevos, generados constantemente, inagotables, bellos y puros.

No temas al tiempo, posees toda la eternidad.

Puedes y debes caminar en armonía, apoyándote alternativamente en los dos pies de tu naturaleza real, así verdaderamente la senda se hace recta, solo así se encuentra la vía definitiva a la plenitud y a la felicidad.

Recuerda lo que ya eres…


Hay en Araís una encrucijada y en ella una cruz mutilada. Un trozo de madera le falta.
Cuentan que cierto cojo poeta, para enderezar su senda, lo ató a su pierna…

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