Moradas de Dios

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Juan 14.2. ...



En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Juan 14.2.

Así me hablaba el maestro de arena, cuando, en la alcohólica noche soñábamos lágrimas y estrellas:

No temas demasiado, haz lo correcto y de ti brotarán raíces eternas, pues ¿Qué te pueden quitar? ¿la vida? Créeme, no hay ni una sola que se pierda…
Todo permanece, se transforma, nada se olvida…

Las moradas de Dios; ¿piensas acaso que son menos que universos?...
De ilimitadas esencias ilimitadas presencias.
Así construye el Afecto, así se manifiesta.
¿Del Creador pueden surgir nimiedades de diamante u oro?. Mundos jalonan su mirada excelsa…

¿Qué he de hacer para hallar la puerta?

Niégate a ti mismo, ábrete el pecho y vomita todo lo aprendido de mano de hombres. Escucha sólo el viento y el tiempo, y desciende a lo más profundo de ti.
Confía, vive, se bondadoso, veraz, construye belleza, no dañes.

Busca refugio en lo que permanece y llénate de entrega. Retorna a casa, allí, en la fuente, podrás beber la certeza que no cesa, verás el rostro de lo perpetuo, conocerás sus moradas hechas de vida.

Nada tiene final, nada principio. El tiempo del Padre es un presente eterno.

Así late el Amor. Así...el existir de Dios…

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